José Martínez de Sousa


(25 de octubre de 1933 - 27 de enero de 2026)


 

 

Por William Travieso, socio de AUCE


Si dominas la lengua, no te van a confundir. Uno sólo es dueño de las cosas cuando sabe nombrarlas.

José Martínez de Sousa

Un hombre hecho a sí mismo

Seguramente ninguno de los vecinos de aquella aldea gallega de 40 habitantes enclavada entre Portugal y el Atlántico hubiera podido imaginar en el otoño de 1933 que ese niño bautizado como José y al que todos llamarían Pepe llegaría a ser un erudito de la lengua escrita española. Tal vez porque en el pueblo ya decían de él que era un niño fino, tal vez porque el azar quiso que ingresara a un colegio de salesianos en el que a los dieciséis años ya tuvo su primer contacto con la tipografía como cajista de imprenta, lo cierto es que muy temprano la obsesión por aprender se convirtió en una idea fija y fue un autodidacta desde la adolescencia. Aprendió mucho por su cuenta y riesgo, y varios de sus libros surgieron para cubrir sus propias necesidades de conocimientos concretos: «Aprendí todo lo que me quisieron enseñar y enseñé todo lo que de mí quisieron aprender», dice de su pasaje por la editorial Labor.

En ese camino de aprendizaje que tuvo mucha lectura y también mucho de práctica fue construyendo sus múltiples oficios de ortotipógrafo, corrector de estilo, bibliólogo, lexicógrafo, escritor y maestro editorial.

Dueño de una capacidad de trabajo admirable, lleva corregidos más de 8000 títulos, pero reconoce que no es el mejor corrector de sus libros y que siempre esa función debe encomendarse a otro corrector tipográfico, una persona que sea capaz de olvidarse de quién es el autor y corregir en consecuencia, con plena libertad.

«Hacer un libro es hoy posible para cualquiera —dice—, hacerlo bien es otra cosa. Aquí es donde entran en acción la bibliología y la ortotipografía, indispensables, hoy como siempre, para realizar una obra bien hecha.» Algunos problemas pueden resolverse de varias maneras: la cuestión, entonces, reside en acertar con una solución coherente.


Enfrentando al poder

Su relación con la Real Academia Española (RAE) ha sido tormentosa. Y aunque muchas veces ha criticado —siempre de manera argumentada— lo que él considera errores, omisiones, confusiones o incoherencias de la RAE, lo que cuestiona con mayor énfasis son sus frecuentes vacilaciones y la incapacidad que a veces muestra esa corporación para asumir plenamente el carácter normativo que se arroga.

Respecto a la Ortografía de la lengua española (2010) opina que habría que «podar en ella todo lo que en ella sobra manifiestamente. Después, entre otras cosas, organizarla mejor y dotarla de una mejor tipografía. Por supuesto, añadirle un índice alfabético y una bibliografía que ponga claramente de manifiesto quiénes o cuáles son las fuentes de las que ha bebido.» Al mismo tiempo que critica el silencio de la Academia respecto a muchas obras de las que se nutre sin citarlas, Martínez de Sousa también ha cuestionado reiteradamente que la Academia opine sobre ortotipografía, materia que no le compete y cuyo oficio desconoce.

Resumiendo su relación con la RAE, dijo una vez: «la Academia me considera persona non grata. Lo que no sabe la Academia es que, en justa correspondencia, yo la considero una institución que no merece ningún respeto por mi parte (y que se salve quien pueda).»


El fruto de sus esfuerzos

Martínez de Sousa ha aportado una sistematización de criterios de gran rigurosidad a través de sus concepciones bibliológicas y ortotipográficas que empieza por la importancia asignada a la ortografía y su aplicación técnica en la letra impresa —lo que constituye para él una cuestión central que condiciona al resto— y sigue por la distribución equilibrada de los contenidos, el orden y armonía de los textos, el cuidado por la puntuación, la atención a los detalles y la firmeza de criterios, completando una caja de herramientas muy eficaz para acercarse al objetivo principal: que una publicación alcance un alto grado de legibilidad y si es posible, además, que componga un producto bello.

Un párrafo de Emilio Delgado López-Cózar en el prólogo del MELE 4¹ propone una buena síntesis de su perfil:

«Martínez de Sousa lleva medio siglo trabajando con la palabra, ya sea componiendo, corrigiendo, escribiendo o leyendo textos. Sus dedos están encallecidos de apretar el bolígrafo o de percutir las teclas de una máquina de escribir o de un teclado de ordenador; sus ojos están cansados de leer originales y pruebas a la espera de su publicación. Pero, sobre todo, su mente ha estado aquejada de la enfermedad que da pie a la sabiduría: su obsesiva inquietud por encontrar respuesta al porqué de las cosas.»

Generosidad y humildad son dos virtudes adicionales que merecen ser destacadas en este hombre sabio. Generosidad con la que ha compartido a través de más de veinte obras publicadas sus aprendizajes acumulados y el conocimiento nuevo generado por él a lo largo de más de cincuenta años de trabajo continuo. Humildad —que lo dignifica más aún— con la que ha sido capaz de revisarse a sí mismo una y otra vez sometiendo sus obras a la prueba del uso y del paso del tiempo, aceptando críticas y recensiones, corrigiendo, ajustando y volviendo a publicar ediciones actualizadas, tal vez por aquello de estar convencido de que no existen libros sin erratas.


                                                      

¹ Martínez de Sousa, José: Manual de estilo de la lengua española (MELE 4). Gijón: Trea, 2012.


                                 


Por Mariela Maldonado, socia de AUCE


Al maestro con cariño

Falleció José Martínez de Sousa, «duende sabio de la imprenta» como lo describió hace unos días La Vanguardia;¹ para el mundo de la corrección: Don Pepe, así con mayúscula, aunque él hubiese condenado ese uso.² Don José fue, ante todo, un maestro, un conocedor, un defensor de los usos adecuados de la lengua… aunque para ello debiera enfrentarse a la Real Academia Española y a la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Hace unos días el académico Arturo Pérez-Reverte escribió un artículo en el que se refiere al lema de la Academia (Limpia, fija y da esplendor) criticando que hubiera cambiado su papel normativo por uno descriptivo, de registro de uso de «construcciones que hace años habría considerado erróneas» «que deja al hablante sin referencias firmes». Escribió que fijar es establecer «puntos de anclaje» y dar esplendor es «defender la riqueza literaria, histórica y simbólica del idioma» (Pérez-Reverte, 2026).³

Precisamente ese es, en mi opinión, el legado de Martínez de Sousa para los correctores: aunque no acompañaba el lema de la Academia y, de hecho, muchas veces se opuso a sus normas, trabajó duro para limpiar, para dar esplendor, para acompañar la evolución de la lengua, con fundamentos (muchas veces seguidos por la RAE aunque negara el aporte de Martínez de Sousa) para su uso apropiado, para adaptarla a los tiempos modernos sin perder la belleza que caracteriza a nuestro idioma y a sus variedades, uniéndolas sin diluirlas, marcando las incoherencias de las publicaciones oficiales, tratando de integrar la intelectualidad con la imprenta, la belleza de la lengua con la hermosura de una edición cuidada en el entendido de que no son conceptos opuestos. Los correctores tendremos siempre mucho que agradecerle. 

Vamos a extrañarlo, maestro.


                                                       

¹ https://www.lavanguardia.com/servicios/obituarios/20260127/11450570/martinez-de-sousa-obituario-lexicografia.html
² Martínez de Sousa, J. (2010). Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas (2.ª ed.). Trea.
³ 
https://www.elmundo.es/opinion/2026/01/11/6963fddefdddffc92e8b456e.html


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