¿Cómo corrijo con perspectiva de género?
El 8 de marzo es una fecha que lleva a la reflexión. Hemos pasado de celebrar ese día con flores y bombones, allá por los noventa, a salir a marchar como una forma histórica de reivindicar la igualdad de derechos.
Hoy el 8M es un tema que se aborda en la escuela, que se pone en contexto, que se carga de significados. Y es una fecha que se vincula con las mujeres trabajadoras, con las brechas de género, con los techos de cristal, los pisos pegajosos y las escaleras rotas.
Pero ¿qué tiene que ver eso con la corrección? Y… todo tiene que ver. Sabemos que estos temas no están encapsulados, sino que transversalizan nuestras vidas. Que si pensamos en género y corrección puede que nos lleve a la discusión de la economía del lenguaje, a la broma académica del uso de la e, a si duplicar o no, a cómo sostener en un texto la perspectiva de género, a cuántas veces puedo usar la palabra persona en una carilla.
Como en todo, lo difícil es mantener la coherencia entre el decir y el hacer; entre el pensamiento y la escritura; entre el principio, el desarrollo y el final de un texto.
Corregir con perspectiva de género lleva más tiempo, pero cuando lo ves y no se nota (porque parece que esa es la gracia de nuestro trabajo), cuando en textos didácticos no solo hubo cuidados en no decir «los docentes» para ampliarlo a «el equipo docente», sino que también se incluyeron ejemplos de niñas científicas, de niños bailarines, distintos colores en las pieles, diversidad en toda su amplitud, estás haciendo algo más que corregir con perspectiva de género. Estas abriendo posibilidades para que ciertas personas se encuentren en los textos, estás diversificando el mundo a través del lenguaje.
Y no, yo no quiero ser el señor contribuyente. Tampoco quiero ser señora, pero bueno, en algún momento tengo que aceptarlo, esa es otra discusión. Si leo: los trabajadores rurales, el presidente, los científicos o los correctores, no imagino mujeres, por más de que me digan que el género no marcado es el masculino.
Claro que seguir la norma es un camino legal, aceptado y fácil. Pero la norma no siempre nos identifica o nos acompaña de la manera que necesitamos. Hoy mi reivindicación es a través del lenguaje. Sé que puedo «hacer el esfuerzo» de evitar el masculino genérico para ser más amplia y más inclusiva. Si me interesa corregir con perspectiva de derechos humanos, contemplando elementos interseccionales como el género y la accesibilidad, por ejemplo, tengo que intentarlo. No me alcanza con la norma.
Y otras veces será más difícil, como en el próximo 1 de mayo. Veremos ahí cómo nombrar. Porque… ¿qué rompo si cambio el nombre oficial de una celebración?
Natalia Faral